En vigilia. Así fue como aguardé el estreno de Watchmen (2009). ¿Para qué? Para encontrar una sala casi vacía y un film que me tomó dos funciones para entender qué  no me satisfacía. Cuántos dilemas me produjo asistir al estreno: me martillaban en el cerebro las palabras del mago Moore, quien acertadamente intuía las rotundas fallas que podría tener la adaptación al cine de una novela gráfica. Sin embargo, pese a creía que verla me produciría sida ocular, no me arrepiento de haber ido.

 

 

  La película de Watchmen está destinada a estar a la sombra del cómic, y no por el simple hecho de que fuera una adaptación de éste, que le supera, sino porque Snyder se lo buscó. Es decir, deja regados por todo el film detallitos que sólo entenderán los fans y, a la vez, los abandona despóticamente a la merced de la anécdota, convirtiéndolos en meros adornos. Por otro lado, tampoco termina de desarrollar la psicología de los personajes y deja demasiadas fisuras en la trama, así que el espectador que no conozca el cómic dirá un gran “WTF?” semejante al que muchos dijeron cuando en The Fellowship of the Ring (2001)  Samwise se despide del pony Bill (ningún no lector de Tolkien podía saber de dónde había salido). Trata de satisfacer a ambos y a ambos los dejas tibios.

  Pero no todo es malo, simplemente pudo ser mucho mejor. Trataré de ignorar, sólo por ahora, al cómic y me concentraré en los defectos y atributos del film, como film.

  El inicio de la película derrumbó los prejuicios por los que le auguraba una pésima realización. El juego entre canciones y situaciones fue toda una dicha para mí. Escenas como las de los créditos, en las que se rememoran los tiempos de los héroes disfrazados, o como la del funeral del comediante, son dignas de recordar y en ellas uno siente que al fin se aportó algo: no sólo se parasitó el trabajo de Gibbons. Los efectos especiales están simpáticos (no soy muy amante de los generados por computadora); sobre todo el de la “máscara” de Rorschach y el gore. Las imágenes y el ritmo de los combates, siempre grandilocuentes, están muy bien logrados; pero pierden fuerza, y llegan a parecer gratuitos, hacia la segunda mitad del film, que es cuando todo comienza a declinar y afloran los puntos débiles de la narración. La soga se rompe por lo más débil y, en el cine, cuando la trama no ha sido bien tejida, sus irregularidades suelen exteriorizarse durante el desenlace.

  Algunas de las fisuras más graves del film fueron:

1.-Malin Akerman como Laurie Juspeczyk. Ok, está buena; hasta ahí. Quizá su mayor logro fue arruinar la química que uno esperaba en los diálogos con Jon (Billy Crudup) y Daniel Dreiberg (Patrick Wilson). La histeria propia del personaje, que en la historia original queda completamente justificada, aquí se vuelve un tremendo fastidio. No conforme con interponerse en el desarrollo de los personajes, también opaca la labor de actores un poco más competentes, como Carla Gugino, quien interpreta a su madre, Sally Jupiter. De paso, su atuendo no luce en absoluto ochentoso… pensándolo mejor: ¡ninguno luce ochentoso o como de los héroes anticuados que son! Claro, excepto los de Dr. Manhattan y Rorschach.

2.-No toda la torpeza en la exposición de la psicología de los personajes se debe a los actores, pues algunos incluso se destacaron, como Jackie Earle Haley en el papel de Rorschach, o por lo menos fueron acordes con el personaje, como Patrick Wilson; es culpa del director. No exijo que recreen todas las situaciones y memorias del cómic, pero por lo menos que se tomen la molestia de realzar las neurosis de algunos personajes mediante pequeños gestos. Por ejemplo: Daniel Dreiberg y su tendencia a servir café o Laurie y los cigarrillos. ¿Qué les costaba? Me cuesta creer en una Laurie que no fume.

3.-Los personajes “extras”. Se suponía que a uno debían dolerle los personajes de esas “pequeñas” historias que se desarrollan paralelamente a las de los protagonistas de Watchmen, y con las cuales uno se identifica. No obstante, no le importaron a Snyder y los dejó nada más como decorado para explosiones nucleares. Tratar con tal desfachatez a los individuos le resta todo valor a la decisión final de Dr. Manhattan (a.k.a. Jon) cuando está en Marte, especialmente cuando tal decisión se basó en un diálogo con el personaje cuyo carácter individual fue más nulo en todo el film. Presiento que ni con el director´s cut o el documental ficticio de Under the Hood se compensará este vacío. Respecto a la versión animada de Tales of the Black Freighter, ¿qué mayor sentido tendrá si no irrumpe en la narración principal, creando un metarelato?

4.-Predictibilidad. ¡Vamos! ¡Háganlo más difícil!... Futuros espectadores, presten particular atención al caso de Adrian Veidt (Matthew Goode), con otra actuación bastante plana, y al de los amores de Miss Jupiter, groseramente obvio. Y yo que creía que el cine era eminentemente narrativo y, por tanto, debía recurrir en estos casos a un mínimo de suspenso, a soltar pistas poco a poco y a no cachetear al espectador con respuestas desde el principio.

5.- Se relegan u omiten descaradamente el origen de la “máscara” de Rorscharch, la tensión entre Laurie y The Comedian; la relación entre Rorschach y The News Frontiersman; “la criatura”... y mucho, mucho más… La aparición de Bubastis es otro caso de “poney Bill”.

Aparte, no sé exactamente a partir de qué momento, se olvidan de representar la época en la que, se supone, se ambienta la historia (1985).

6.-La indecisión del director, que ni realiza una adaptación totalmente ceñida a la novela gráfica, pese a que en algunas escenas casi la usan de story-board y se copian muchos diálogos del original; ni escoge realizar una versión libre, independiente de su origen. Es decir, no hizo algo en lo que uno pueda pensar sin pensar en el cómic. Habían tantas posibilidades de realizar una adaptación que indagara en las posibilidades del lenguaje del cine, lo cual hubiera sido un tributo serio a Moore, quien busca en su obra ampliar el lenguaje del medio; pero Snyder se fue por lo más fácil y por eso no logró complacer íntegramente a nadie. Ni siquiera hablaré de todas las imágenes poéticas de Watchmen (1986-1987) que ignoraron y a las que el cine tenía tanto que ofrecer, pues un arte del tiempo y la imagen podría ilustrar mejor el cambio que implica en nuestra concepción del tiempo la teoría de la relatividad, que mostrando simplemente el reloj que se detiene ante la inminente explosión nuclear; imagen mostrada, mas no explotada.

7.-El desenlace de la historia es precipitado, cerrado forzosamente, y silencia un sinfín de datos y acontecimientos que son imprescindibles para comprenderlo bien. Uno de esos hechos, incluso, fue adulterado. Corrobórenlo Uds. mismos.

En resumen, Watchmen, como film, es uno más entre el montón, que, con suerte, tanto al fan del género “heroico” que prefiere las adaptaciones de Hulk (2003) (más de acción), como al de The Dark Knight (2008) (más psicológica), satisfará… a medias.

 

Ficha técnica:

Títulos: Los Vigilantes (Watchmen).

Dirección: Zack Snyder.

Año y fecha de estreno: 2009, 06 de marzo.

Género: “superhéroes”.

Guión: David Hayter, Alex Tse. Basado en la novela gráfica de Alan Moore (no se le dan los créditos en el film) y Dave Gibbons.

Producción: Lawrence Gordon y Lloyd Levin.

 

Actualizado ( Miércoles, 25 de Marzo de 2009 15:27 )